Ella es una mujer muy especial. Ella es una mujer que en verdad sabe amar. Siempre me ha amado y siempre me amará. El amor de ella es incondicional porque nace del corazón. No importa cómo yo sea y los defectos que pueda tener, yo sé que ella siempre me amará. Su amor es único y especial. Su amor nunca morirá.
Esa mujer especial es mi Madre. Mujer como ella, jamás la habrá. Sus brazos llenos de ternura y de amor me dieron calor y seguridad en los días de mi infancia.
Mi Madre, una mujer muy especial. Cuidó de mi; me alimentó, me enseñó a hablar. Se esforzó e hizo todo lo que pudo por mi. Nunca me dejó; jamás me dejará. Ella siempre estuvo a mi lado en todo momento: en las buenas y en las malas siempre fue y será esa mujer tan especial que Dios ha creado.
Le doy gracias a Dios que me ha dado una Madre que ansiosamente esperaba el día de mi nacimiento. Una Madre recta, que me guió por el camino de la rectitud. ¡Qué agradecido estoy de Ti, oh Dios, por ella!
No sólo has sido una Madre ejemplar para mí, sino que también lo has sido para mis hermanos. Has sido una gran compañera para mi padre. En resumidas palabras: ¡Eres una mujer muy especial!
Madre querida, tú también eres mi hermana en Cristo. Tenemos el mismo Dios y compartimos la misma fe. Tus oraciones siempre me fortalecerán, porque ellas salen de lo más profundo de tu corazón. Siempre que oro a Dios le pido que te guarde y que te dé mucha salud. Siempre le doy gracias a Dios por ti... y le pido a Todopoderoso que el mundo pueda tener más madres como tú, porque tú eres muy especial. |