Apreciado lector, ¿cuánto tiempo usted piensa vivir? Lo más cierto es que muchos de nosotros pensamos vivir por un largo tiempo, pero eso no necesariamente indica que así ha de ser. La realidad del caso es que ninguno de nosotros puede garantizar lo que nos sucederá en el próximo minuto--y mucho menos el tiempo en que hemos de vivir.
¡La muerte no hace acepción de personas! Esto lo vimos al principio de este artículo en los casos presentados, de los cuales, estoy seguro que muchos lectores pueden familiarizarse con ellos. Quizás algunos de nuestros lectores han experimentado el dolor ante la pérdida de un ser querido, ya sea por causas naturales, alguna terrible enfermedad, y en algunos casos por causa de la maldad y el alto crímen de nuestra violenta sociedad. Cada vez que alguien muere nos vemos obligados a reflexionar un poco más sobre la muerte, y lo ligero que pasa la vida... ¡Cuán grande y poderosa se ve la muerte en comparación con nuestra débil y finita existencia! Un minuto estamos aquí--y el otro... ¿quién sabe?
¿No será esto motivo suficiente para reflexionar más en las cosas que en verdad tienen importancia y valor--especialmente aquellas que conciernen a lo espiritual. La vida del ser humano es muy delicada e insegura. La Biblia describe esto así: "El hombre nacido de mujer tiene corta vida y abundantes tormentos. Como la flor, brota y se marchita, y pasa como sombra, sin detenerse" (Job 14:1-2, VCP). "La vida del hombre es como la hierba; brota como una flor silvestre: tan pronto la azota el viento, deja de existir, y nadie vuelve a saber de ella" (Salmo 103:15-16, DHH). "Porque: Toda carne es como la hierba, y toda su gloria es como la flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; pero la palabra del Señor permanece para siempre. Esta es la palabra del evangelio que os ha sido anunciada" (1 Pedro 1:24-25, RVA).
¿Por qué, pues, afanarse en adquirir riquezas y fama, sacrificando en el altar de nuestro orgullo los valores y principios espirituales de la Palabra de Dios, nuestra familia y nuestros verdaderos amigos? La Biblia nos amonesta así: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? O también, ¿cuánto podrá pagar el hombre por su vida?" (Marcos 8:36-37, DHH). >>> Vea la Parte 2 aquí <<< |