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| En el tablero público de mensajes de un web site, un visitante escribió estas palabras, en un ataque personal contra el editor, debido a los mensajes que publica: "No engañen a la gente. Al final, los únicos que van al infierno son gentes como ustedes, que le lavan la mente a las personas ignorantes". El editor (José Viera), responde en el mismo tablero de mensajes públicos de la siguiente manera: "Viva la libertad de expresión --- Qué verdad tan grande. Y por esa misma libertad de expresión estamos aquí, unos para hablar de Dios y otros para atacar a los que hablan del amor de Dios. Sin embargo, los que tenemos el amor de Cristo en nuestro corazón, no tomamos en forma personal estos ataques, porque sabemos que es al Señor (y no a nosotros), a quien están rechazando". En los más de 500 mensajes que he publicado en internet (durante varios años), nunca me he sentido ofendido cada vez que alguien me ataca, porque comprendo que no es a mí a quien rechazan sino el mensaje que escribo. Y es maravilloso, ver cómo algunas de estas personas, han vuelto a escribir, ya no en mi contra, sino que ahora defienden la causa del Señor. Esto me ha enseñado muchas cosas, especialmente, que no tengo que pelear para defenderme. Si soy perseguido por la causa del Señor, dice la Biblia en Mateo 5.11-12, entonces soy bienaventurado. ¿Qué hacemos cuando somos perseguidos? Para poder contestar honestamente esta pregunta, tenemos que entender qué es la persecución. Ésta viene en diferentes formas y en muchos grados de intensidad. Por ejemplo, hay creyentes que son perseguidos por el gobierno y las autoridades por la fe que profesan. Esta persecución incluye el encarcelamiento, la tortura y el abuso, y en muchos casos la muerte; y todo porque hay personas que no pueden entender ni aceptar nuestro amor y lealtad por Cristo. Ninguno de nosotros pasa por este tipo de persecución. Sin embargo, podemos identificarnos con varios tipos de persecución. Daré solo unos ejemplos. Los compañeros de trabajo y escuela que constantemente buscan provocarte y «sacarte» de tu sitio. Ese miembro de la familia, sea esposo, esposa, hijos, o padres, que no le sirven al Señor, y que constantemente ponen tu «fe y paciencia» a la prueba. También está la persecución interna en la iglesia, cuando la congregación está en contra de sus líderes, o los líderes en contra de ella (porque se dan ambos casos). Y todavía aún, está la persecución que viene de «afuera», o sea, de otros "supuestos" cristianos de otras iglesias, que son enemigos de la obra del Señor. La lista es extensa, pero aquí la termino. La persecución nuestra casi nunca es la física (aunque es presente en algunos casos), sino que más bien es espiritual. Son palabras y acusaciones, propaganda negativa que se nos hace, y tantas otras cosas que no vienen al caso. Lo cierto es que TODOS tenemos persecución, a nivel individual, como congregacional. La respuesta para todos estos casos o tipos de persecución siempre es igual: ¡Cristo! Aunque hay momentos de hablar y presentar nuestro punto y posición, Dios casi siempre prefiere que permenezcamos en silencio, y que lo dejemos a Él obrar. El problema está que cuando tomamos las cosas en nuestra mano, casi siempre las dañamos, porque de una forma u otra, terminamos hiriendo, destruyendo, o sea, «persiguiendo» al otro lado, con tal de defendernos. Vemos esto en la política de nuestro país todo el tiempo. El nombre y la reputación de un político está en la balanza, y éste para restaurar su nombre, tiene que ensuciar el nombre de su oponente. Hagámonos esta pregunta: ¿Será justo ganar o recuperar la reputación, destruyendo la reputación de otro? Dios NO se agrada de esto ni lo permite. Pero, cuando Dios es el que interviene, el milagro es un éxito total. El mensaje es claro y directo. De nosotros siempre van a hablar, y esto no lo podemos evitar; pero lo que podemos y debemos evitar es hablar de esas personas, porque cuando lo hacemos (para defendernos), estamos convirtiéndonos en «el perseguidor». La persecución no se combate con la persecución; la murmuración no se combate con la murmuración; y la indiferencia no se combate con la indiferencia. Recordemos que tenemos la mente de Cristo, y que Él nos ha mostrado un mejor camino, o sea, un mejor ejemplo. No podemos vencer el mal haciendo el mal. Así obra el mundo, pero NO los que son de Dios. En mi testimonio inicial, compartí una breve experiencia, de un tipo de persecución. En mi vida, como en la vida de muchos de nosotros, hay muchos otros casos en que hemos visto a Dios obrar así. Él convierte nuestros enemigos en amigos; y a nuestros perseguidores en defensores. Sólo nos resta dejarlo todo en las manos del Señor. «Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos» Éxodo 14.14 Espero que este artículo de haya sido de bendición. Me gustaría escuchar de ti, y lo que piensas sobre este tema. Me puedes escribir a: Publicaciones Josë Vierã -- PO Box 64231 -- Souderton PA 18964 USA |
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